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La casa y la oficina son nuestros “gimnasios” en los que trascurrimos
una gran parte de nuestra vida. Entonces lo que tenemos que
descubrir es cómo aprovechar estos espacios y las funciones que
tenemos que desempeñar en ellos, generando salud para nuestras
piernas, generando movimiento para ellas. Como consecuencia de los
avances tecnológicos, las crecientes presiones laborales y del
confort que hemos logrado como especie humana, apareció un nuevo
obstáculo que nos intimida a diario: el sedentarismo. Nuestro
objetivo es combatirlo a diario y para ello sugerimos lo siguiente.
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En la oficina
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Convivencia entre nuestras tareas laborales y la salud de nuestras
piernas, sin exceder en los hábitos que implementemos, que puedan
comprometer nuestro desempeño en la oficina o que generen un cansancio
innecesario.
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De la casa a la oficina y de regreso a casa
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- Utilizar transporte público.
- Situación ideal: ir en bicicleta. Si las distancias y
las facilidades lo permiten, también se puede optar por ir trotando.
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Escaleras vs Ascensor
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- Bajar por las escaleras
- Si hay que subir pocos pisos, subir por las
escaleras.
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Desayunos, almuerzo y meriendas
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- No comer en el escritorio.
- Caminar hacia el restaurante, comedor, cafetería.
- Levantarse muy a menudo a buscar un vaso de agua o te.
No abusar del café.
- Utilizar el baño más alejado de su escritorio.
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Reuniones
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- Proponer que las reuniones sean siempre en la oficina y
sala de reuniones más alejada a tu escritorio.
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Amabilidad con tus compañeros
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Nuevamente. Lo que tenemos que lograr es darle movimiento a
nuestras piernas. Entonces, ofrecerse para ayudar a los
compañeros a buscar algo, a sacar una fotocopia en la fotocopiadora
del fondo… Ofrézcale un vaso de agua, un café. Cada gesto
de amabilidad que tenga con sus compañeros se transformará en un
punto a su favor y en salud para sus piernas.
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En la casa
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Si bien los espacios de la casa o departamento deberían ser más
reducidos que los de la oficina, también encontramos muchos momentos
en los que podemos movernos de manera saludable. La convivencia con
los otros miembros de la familia suele incluir la repartición de
responsabilidades. El sentido común, la voluntad de cooperación y
las ganas de mantener el ambiente familiar limpio y ordenado serán
los puntos a evaluar para ver quién es el responsable de cada una de
las siguientes tareas.
- Sacar la basura
- Barrer y limpiar los pisos
- Pasear al perro
- Quitarle las pilas al control remoto y levantarse
cada vez que querramos cambiar de canal
- Ir a comprar el diario, revistas… a pie!
- Ir a pagar las facturas de servicios… a pie!
- Ir a hacer las compras de alimentos … a pie!
- Lavar el auto
- Cocinar. Invitar a alguien a comer
- En casa de dos plantas o en edificio, subir y bajar
las escaleras todas las veces que se pueda.
- Hacer las tareas de mantenimiento que podamos, sin
tener que llamar a un especialista: pintar una pared o
habitación cortar el pasto; sembrar alguna planta;
limpiar la pileta; etc.
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